La industria armera, organizada alrededor de la Federación Sectorial Armera (FSA), está trabajando por evitar la prohibición de la munición con plomo y lo va hacer con datos, con certezas y una investigación científica.
El mundo de la caza y el tiro sufre de forma periódica ataques que, bajo subterfugios, pretenden, la merma de nuestra actividad y, a ser posible, nuestra desaparición. Para ello los anti caza buscan argumentos de un tipo u otro, dependiendo de la ocasión: supuesto pacifismo, seguridad pública, ecologismo… a los que solemos reaccionar tarde, y consiguen hacernos un daño que podría haberse evitado o, cuando menos, dulcificado.
En los últimos años, los ataques más graves dirigidos a nuestro colectivo tienen origen en la pretensión de que desaparezca el plomo de nuestros cartuchos y balas.
Lo que hace años eran posiciones radicales anti caza, sin grandes apoyos, a partir del 2001 se convirtieron en prohibiciones concretas, como la de utilizar munición de plomo en los humedales reconocidos Ramsar, luego, en la legislación española, esta limitación se extendió a otros humedales e incluso-en teoría-a la red Natura 2000 a causa de la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, es decir, la ley Narbona, lo que ha acabado de complicarse porque el Gobierno no se ha atrevido a derogar esa ley que se quedó en un limbo. Sin embargo la sentencia del Tribunal Constitucional, a finales de 2013, vuelve a poner en vigor ciertas restricciones a la munición con plomo, que fueron uno de los motivos fundamentales de la manifestación de los cazadores de marzo de 2008.
En los últimos tiempos, ha habido varias iniciativas para prohibir la munición con plomo (Conferencia de las Partes celebrado en Quito de noviembre de 2014; también el proyecto de ley en Galicia en el año 2015) o restringir su uso en campos de tiro o prohibirlo en las tiradas de los Juegos Olímpicos (IUCN en septiembre 2016), lo que nos ha obligado a la industria a constantes acciones en las que argumentamos mucho pero manejamos pocos datos.
Basta leer atentamente estos dos últimos párrafos para darnos cuenta que estos ataques aumentan en fortaleza y frecuencia y si triunfaran, el mundo de la caza y el tiro difícilmente podría sobrevivir o tan sólo mal vivir.
A pesar de que lo lógico sería que para cualquier prohibición existiera un estudio científico claro, que mostrara el daño que se pretende evitar, la Administración nos pone las cosas cada vez más difíciles, pidiéndonos pruebas de la inocuidad de la munición con plomo.
Aunque existen estudios científicos sobre cuestiones como la ingesta de carne de caza o los efectos de plomo en las tendencias de las poblaciones de las aves (inapreciables), no nos bastan para parar la amenaza más importante que tiene el mundo cinegético en general y nuestra industria en particular: ya seamos fabricantes, importadores/distribuidores o armerías y nos dediquemos a la caza mayor o la caza menor. Es indiferente. Nuestro futuro está en juego
La prohibición del uso de munición de plomo llevaría a la desaparición de cientos de miles de aficionados en España, incapaces de asumir el costo de cualquier munición alternativa posible y todo ello sin fundamento científico que demuestre la malignidad de la munición de plomo.
La Administración, poco proclive a apoyarnos, nos pide datos sobre la inocuidad de la munición con plomo en ciertas aves, que son la base de la práctica cinegética española. Ahora somos ya nosotros los que tenemos que demostrar la falta de efectos de la práctica de nuestro deporte. Y nos queda poco tiempo.
En esta situación, la industria española ha decidido realizar el esfuerzo de promover un estudio científico, realizado por las universidades de Valencia y Murcia, para analizar los efectos de la munición con plomo en diversas aves cinegéticas del perdigón de plomo.
Esta investigación se ha abierto a todo el sector cinegético, pidiendo su participación y colaboración en él. La pregunta es ¿va a apoyarlo también el mundo de la caza, que se juega su futuro?

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